Dejé de escribir


Una vez se me dio por empezar a escribir. Era una etapa del orto en casi todos los sentidos posibles (para un pibe de catorce años). No sé qué vi en ese momento, pero me vino el impulso de agarrar mi iPad y mandarme a apretar las teclas en la pantalla. En un documento de Google metí la exageración de mis sentimientos más tóxica que pude esbozar. Las cosas no mejoraron y a las pocas semanas hice otra. Y otra. Y otra. Si hoy me hubiera olvidado de esos textos y los leyera de nuevo, me provocaría horror, seguido de un enorme alivio al darme cuenta de cómo mi yo del pasado dejó de ser un tremendo boludo y maduró al menos un poco.

Flash forward a marzo de 2017, cuando aún no existían el Fortnite, los viboritas de Twitter ni el "Pasaron cosas". Esta era una época en la que tenía que descargar o joderme, aunque fuera con el psicólogo.
Apareció una idea en mi cabeza y la empecé a trabajar, y pasada una hora había terminado. Pero esta vez fue algo muy distinto a las barbaridades que había conservado en esa carpeta de Drive que no abro hace años. Era un texto que cerraba, que expresaba verdaderamente lo que sentía, un texto sincero. Así que lo publiqué en esta página.
De esta forma entendí hasta qué punto escribir sirve como catarsis; ya sea para expresar un sentimiento, para denunciar una injusticia o para contar algo que no puede seguir siendo retenido.

Unos meses después decidí darme un descanso de hacer un trabajo final y ponerme a escribir de nuevo. Y ahí salió un segundo post. Lo que pensé en ese entonces: no era tan bueno como el primero, pero estaba bien. Lo que pienso retrospectivamente: malísimo.
No puedo evitar autojuzgarme constantemente. Lo siento, pero es así. Probablemente esto explica un poco por qué dejé de escribir: le encontraba el error a la idea antes incluso de intentar llevarla a la página del cuaderno o de la computadora. O se lo encontraba cuando ya había terminado un escrito y no me gustaba para nada que una palabra se repitiera ochenta veces sin que fuera intencional. Me reventaba ver eso en cosas que escribían otros y me revienta hoy en día. Eso sí, el constante autojuicio no explica por qué no corrijo mi postura o dejo el teléfono de una puta vez. Lo sé, soy un incoherente.

Pasó el tiempo y la vida no paraba de joder. Vino la peor noche del año entero, y después un innecesario viaje al sur que duró una semana y pico (ejem sitodavíanolosuperaronháganloahoraporqueespatológico ejem), seguido de un par de meses de relativa tranquilidad... seguidos de la segunda peor noche de ese año.

Hubo una situación que me superó, pero aguanté hasta el día siguiente. Con cuadro de enfermedad persistente que llevaba más de una semana y un examen inminente, cerré la puerta, minimicé los resúmenes y abrí un documento de Word en blanco. Y me largué a tipear una catarsis que había necesitado por mucho tiempo. Escribí todo lo que tenía para decir.
"Es increíble cómo las emociones aglutinadas durante tanto tiempo entran sin problema en poco más de veinte kilobytes", escribí al final de ese texto. "Pero tenía que descargar algo de narcisismo". Era un mensaje que finalmente, y por fortuna, no entregué. Hablé con personas en las que confío¹ y con su ayuda entendí que lo mejor era guardármelo. La catarsis ya estaba hecha. Caso cerrado. Fin. Atrás quedó ese asunto, y sólo por eso cometo el error de hablar de eso en un blog que cualquier persona con acceso a Internet puede leer.

Desde ese día hasta hoy no he escrito mucho más. No sé si es que no tenía ideas, si tenía demasiadas o si las que tenía eran demasiado raras o extremas. Segunda razón por la que dejé de escribir: ¿Sobre qué mierda escribo (sin parecer un weirdo, un freak, un rarito, como en buena parte de mi adolescencia)? Anoté un par de sueños y terminé alguna otra cosa que se me ocurrió, pero nada me convence. Y como me vienen repitiendo más o menos desde que tengo memoria, tengo que tener cuidado con lo que muestro.
Tercera razón por la que dejé de escribir: No sé cuán relevante va a ser lo que escriba. No quiero caer en los textos cliché, "motivacionales" pero vacíos de contenido real que sube cualquier cuenta de Instagram. Pero tampoco quiero parecer el tipo que tiene un interés preocupantemente específico (aunque obviamente lo tenga), que publica lo que él cree que son genialidades y no hay otro ser humano con vida que lo entienda. O que si lo hay, seguramente viva en la otra punta del planeta y hable otro idioma.

Hace un par de años no estaba tan absorto en encajar ni enfermo de exceso de celular y mi cerebro podía ponerse a pensar en escribir cosas. Supongo que algún día podrá hacerlo de nuevo.

O tal vez no tenía ganas y punto. Más simple.
¿Y entonces por qué mierda escribí todo esto?
Pero la puta madre.
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¹Léase: mi psicólogo

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