El Temblor

El Temblor llega, y todo deja de ser como antes.


En el interior hay elementos que se agitan, que se mueven descontrolados, que chocan entre sí. 
Está pasando. Iba a pasar, ya lo sabías. Yo ya lo sabía también. 
Pero no estabas preparado. Yo tampoco estaba preparado.

Hasta ahora, la vida pasaba encima de un suelo estable. Podías subir o bajar, sí; había pisos altos y sótanos, seguro; pero el piso estaba quieto y eso daba seguridad.

Pero ahora no. Ahora la tierra se mueve, y quedarse quieto sobre ella pasa de ser algo seguro a conformar la peor decisión que pueda tomarse. 
El Temblor llegó.


La sensación de pánico llega, junto al terror que produce no poder controlar la situación. Ahora sos alguien débil, en una situación que no debería estar ocurriendo. ¿Acaso vos no eras el hombre? ¿No eras el que construyó este mundo? ¿No creaste los lugares, las reglas, los conocimientos y las ideas que rigen en este lugar?

Pero las construiste sobre un suelo, una piedra, que ya estaba ahí antes de que llegaras vos, que entonces no podías saber de dónde habías aparecido. Y tardaste en descubrir que desde una eternidad antes de tu misteriosa aparición en esta vida, esa tierra ya temblaba. Que al principio no paraba de agitarse, y que cada vez lo hacía menos. Pero que siempre llegaba un Temblor cada cierto tiempo, aunque fuera con años de diferencia.

Y el Temblor duele. 
Si la tierra se agita, también se agitan los cimientos de los edificios. Y si la base se rompe, todo se viene abajo. 
También se caen los árboles, de los que en cierta forma dependen todas las vidas. Y el agua, tan importante, no circula como debería por el sistema tan estúpido que tenemos de distribuirla. 

Y se destruyen tus recuerdos, tus emociones, tus ideas. Igual que las mías. 

Yo dejo de creer que el amor es posible. Dejo de pensar en mis creencias como positivas. Colapsan los sueños de seguir la carrera que quiero, de encontrar a la persona de mi vida, de ser bueno en algo, y en su lugar emerge del interior lo que siempre estuvo allí: algo ardiente, dañino, violento, que sale incontrolablemente y supera una presión enorme. Llamalo magma, lava, odio, violencia o como quieras; igual es lo que hace que la base del mundo se mueva, y se compone de la parte del mundo que más dolor inflige y que más ocultamos. 

Y así pasa el Temblor, pero no te preocupes: mirá, ya pasó


Todo quedó destruido, hay ruinas por todas partes y la forma del mundo cambió para siempre, pero la tierra dejó de temblar y el suelo está quieto de nuevo. 

Podemos reconocer, entre los escombros, lo que por un momento creímos perdido para siempre. Los ideales y los recuerdos no se destruyeron por completo; es más, hay algunos que siguen enteros. 
Ese edificio que se cayó todo era inestable, se iba a derrumbar tarde o temprano. Aparte, pensá qué había en su interior: una empresa que se dedicaba sólo a intentar superar y humillar a todos los demás, aunque no compitieran contra ella. Sí, hay edificios que es mejor que se hayan venido abajo. 

Lentamente, empezás a caminar por lo que hasta hace poco eran calles. Yo estoy por ahí. Mirás con atención y ves a todos los que están vivos, que igual que vos también vivieron el Temblor, tu Temblor, y que probablemente hayan vivido otro antes. Ellos, igual que vos, ya saben qué hacer: hay que calmarse, reunirse y volver a construir este mundo. Y ya sabemos que el piso puede volver a romperse por dentro, así que preparémonos para que el próximo no destruya todo. 


Ya pasó. Ahora a recuperarnos y volver a la vida. 



Ya no tendremos que hablar,
del temblor... 
Gustavo Cerati

Comentarios